Youzoco Plataforma

Recopilación de las noticias mas importantes sobre las Donaciones, ONG's, Derechos Humanos y de Caracter Social.

La revolución cultural de Derechos Humanos

Esta semana se han celebrado varios actos para conmemorar el sesenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Desde la Consellería de Ciudadanía e Inmigración o desde la Universidad de Valencia se han realizado encuentros y congresos para conmemorar la aprobación de aquel texto que vio la luz el 10 de diciembre de 1948. Un texto que las Naciones Unidas encargaron en 1947 conmocionadas por los desastres de la Segunda Guerra Mundial y que se está convirtiendo en uno de los salvavidas más apreciados con los que resistir al naufragio moral de la familia humana.

Los Derechos humanos se han convertido en una referencia ética de tal calibre que su impacto desborda los límites estrictamente jurídicos para tomar dimensiones culturales. Esto significa que no sólo forman parte del patrimonio político o normativo de la comunidad internacional sino del patrimonio cultural común, con independencia de la cultura en la que nos encontremos instalados. Por eso, en el ámbito de las relaciones internacionales no son únicamente exigencias para la democratización y desarrollo de los pueblos sino recursos simbólicos para gestionar la credibilidad de los países en la desconcertante orquesta de la globalización.

Esta dimensión cultural está teniendo consecuencias verdaderamente revolucionarias. Y no me refiero únicamente al hecho de que se están convirtiendo en un recurso habitual de personas, pueblos y culturas que buscan el reconocimiento, sino al hecho de que tienen capacidad para embridar la globalización.

La crisis económica nos está demostrando que la globalización es un fiera desbocada que necesitamos domesticar con mucho cuidado. La globalización es un caballo salvaje al que no se puede subir cualquier jinete. Quizá el único jinete con capacidad y energía para domesticar la globalización sean los derechos humanos. Esto lo ha sabido utilizar bien la presidencia francesa de la Unión Europea cuando Zarkosy ha presionado a China y ha sido un factor de éxito el programa electoral del candidato Obama.

Ahora bien, esta revolución simbólica no puede ser gestionada de cualquier forma. La credibilidad social, política y económica de Europa y los EEUU está vinculada con una gestión inteligente de esta capacidad simbólica. Esto significa que su gestión no sea únicamente instrumental, pragmática o utilitaria, como si los derechos humanos fueran una herramienta cualquiera del comercio internacional de materias primas. Los derechos humanos también son una materia prima, pero no en el orden de material sino en el orden de los intangibles con los que organizar la convivencia de personas y pueblos.

Para gestionar inteligentemente los derechos humanos hay que tener cuidado con lo que algunos han llamado "los locos de los derechos humanos". De la misma manera que hay "locos de Dios", "locos del fútbol" o "locos del ciclismo", también hay locos de los derechos humanos. Los locos del ciclismo se lanzan encima del ciclista cuando está subiendo la cima, le echan agua para refrescarlo y le dan palmadas para animarlo, incluso le empujan el sillín creyendo que hacen un favor. Lo mismo que los ciclistas necesitan una afición menos entusiasta y más inteligente, también los derechos humanos necesitan aficiones que gestionen con inteligencia el fervor y el entusiasmo.

Una gestión con inteligencia es aquella que no se olvida de la dimensión histórica, educativa o filosófica de los derechos. Para ello no basta con aceptar el reconocimiento positivo en las leyes escritas, es necesario transformar las mentalidades, las creencias culturales y las prácticas profesionales cotidianas. Tampoco bastan las instituciones que vigilan y gestionan la aplicación de las leyes si los derechos humanos no han entrado en el corazón de las gentes.

Para que entren en el corazón de las gentes es importante que no sean patrimonizalizados por ningún colectivo profesional, como si los políticos, abogados, jueces, fiscales y leguleyos tuvieran la última palabra. La palabra de estos profesionales es muy importante pero no la última. Ciertamente, hoy no hay una cultura de la legalidad con crédito y reconocimiento público si no está motivada por los derechos humanos.

Nuestra conmemoración no se puede limitar a una cultura de le legalidad inspirada por los derechos humanos, tiene que ir más allá y fijarse en el dinamismo de la legalidad más que en la legalidad misma. Por eso, toda celebración del aniversario de los derechos humanos debería ser una celebración de las responsabilidades, las obligaciones y los deberes humanos. Aunque hagamos memoria de un conjunto de derechos promulgados y escritos, también hacemos memoria de obligaciones morales globales que aún no están escritas. Por eso no es tan fácil deshacerse de los defensores del derecho natural cuando se conmemoran los aniversarios de estas declaraciones.

Aunque en los debates de estos días muchos expertos han mostrado su confianza en los políticos para desarrollar nuevos derechos o modificar el sentido de la Declaración Universal de los Derechos humanos, una gestión inteligente exige mayor prudencia y precaución. Una gestión cultural difícil donde los derechos humanos no sean herramienta de separación tribal sino horizonte de cohesión global.

Fuente: Laprovicias.es

No hay comentarios: